domingo, 3 de enero de 2016

El fútbol y la herencia que arrastra del 2015

El fútbol argentino exige para 2016 mucho más que una vuelta de página. El año que acaba de irse dejó malas noticias en varios frentes: la institucionalidad de la AFA amenazada, denuncias de sobornos en una elección a presidente frustrada, el escándalo de la FIFA con dirigentes y empresarios argentinos detenidos, la violencia crónica sin resolver, la muerte de un jugador profesional (Emanuel Ortega) por falta de infraestructura adecuada y las cuentas de los clubes en rojo, un clásico de cada temporada que se va, entre otros problemas. En esta nota se repasa la herencia de 2015 o la continuidad de conflictos que vienen desde mucho más lejos. En definitiva, casi una novela por entregas sobre la corrupción, la obscenidad del descontrol y la rosca política. O, en otras palabras, el espejo que refleja con nitidez la imagen de un fútbol que está hecho a imagen y semejanza del país que lo contiene.
- Casa tomada: la muerte de Julio Grondona el 30 de julio de 2014 despertó las aspiraciones de poder de dos candidatos –Luis Segura y Marcelo Tinelli– que ahora pueden ser tres (Daniel Angelici) o más. El próximo 29 de junio se cerrará una transición desordenada y bochornosa, donde el dislate mayor fue una elección que terminó 38 a 38 cuando los asambleístas que votaron eran 75. La AFA, como en el cuento de Julio Cortázar, se transformó en una casa tomada aunque la realidad, en este caso, supera a la fantasía de la obra. Hasta la desprestigiada FIFA se involucró en el problema de una institucionalidad quebrantada que amenazaba con dejar más de una cuenta impaga.
- El soborno: es el nombre de un cuento de Jorge Luis Borges que integra El libro de arena. Solo un fútbol anestesiado por las sospechas de corrupción pudo dejar pasar con ligereza un par de denuncias sobre la presunta compra de votos en la frustrada elección de la AFA. El vicepresidente del club Independiente Rivadavia de Mendoza, Leonardo López, denunció públicamente que le ofrecieron 500 mil pesos para votar por la candidatura de Segura. El presidente de Chacarita, Héctor López, hizo lo mismo pero en sentido contrario. Acusó al presidente de Banfield, Eduardo Spinosa, de haberle ofrecido a su club una publicidad de un millón de pesos para que a cambio votara por Tinelli.
- Omertá: la novela de Mario Puzo cierra la saga sobre la mafia que había inaugurado con El Padrino. El 2015 terminó con cinco argentinos detenidos, uno prófugo y otro, el más célebre, que si estuviera vivo tendría pedido de captura. Los dirigentes José Luis Meiszner y Eduardo Deluca están bajo arresto domiciliario en Buenos Aires en la causa judicial que se sigue en EE.UU. por el escándalo de la FIFA. El primero era secretario general de la Conmebol cuando empezaron las detenciones en Zurich y hasta aspiraba a presidir la AFA tras la muerte de Grondona. Deluca estaba retirado, pero había integrado el staff de la Conmebol durante 23 años. También siguen libres bajo fianza los empresarios a quienes se acusa de haber pagado sobornos: Alejandro Burzaco en EE.UU.; Hugo y Mariano Jinkis en Buenos Aires. Hay un sexto argentino-brasileño, José Lázaro Margulies, que se encuentra prófugo. Nunca antes el fútbol nacional había tenido en esta situación a tantos dirigentes y empresarios imputados por recibir o pagar sobornos para comercializar derechos de televisión. Nunca antes la FIFA había tenido un espacio en el museo sobre la mafia en Las Vegas. Ahora lo tiene.
- El matadero (Uno): en la literatura es la célebre metáfora sobre el rosismo que escribió Esteban Echeverría. En el fútbol es la consecución de una serie de tragedias evitables donde se mezclan la violencia de las barras bravas y la impericia, desidia y falta de control de las autoridades. El caso de Emanuel Ortega, el joven jugador de San Martín de Burzaco que falleció el 14 de mayo después de agonizar casi dos semanas por una doble fractura de cráneo, quedará como una marca indeleble en la lista de muertes más absurdas. Chocó con su cabeza contra el muro perimetral de la cancha de su club cuando iba a disputar la pelota con un rival de Juventud Unida. Desde ese momento, empezaron a tomarse medidas. Se dispuso acolchonar las paredes que rodean los campos de juego del Ascenso. Sin embargo, tiempo después hubo otros dos casos que por fortuna no terminaron igual. Los de Javier Rossi y Sebastián Gigliotti (hermano de Emmanuel, el ex Boca). El fútbol es inseguro adentro y afuera. Su infraestructura atrasa. También quedó demostrado con el escándalo del gas pimienta en la Bombonera cuando los jugadores de River fueron atacados a través de la manga de ingreso a la cancha.
- El matadero (Dos): la lista con 309 muertes que lleva la ONG Salvemos al fútbol, la misma que pidió la intervención de la AFA por su situación de desgobierno en diciembre pasado, llega hasta el 8 de noviembre de 2015. Ese día, Juliana Gallo, de 16 años y simpatizante de Atlético Tucumán, fue alcanzada por un disparo de arma de fuego y murió en el acto. Ocurrió en la capital tucumana y se cree que le dispararon hinchas de San Martín, mientras viajaba en la parte trasera de la moto de su novio mientras festejaba el ascenso de Atlético a Primera División. La mayoría de los casos como éste continúan impunes y engrosan una estadística tan obscena como fúnebre.
- La comedia humana: en el fútbol argentino hay algo que subyace de la monumental obra de Balzac. Las cuestiones del dinero y del poder, como si formaran parte de aquella novela por entregas, están visibles desde hace décadas y cada año expresan una decadencia moral que se apropia de todo. Los clubes reciben cada vez más dinero por el Fútbol para Todos y en lugar de crecer patrimonialmente, se endeudan. En 2015 recibieron 1742,7 millones de pesos. Entre 2009 –cuando se creó el programa– y 2014 sus pasivos crecieron un 150 por ciento. Rodolfo D’Onofrio asumió la presidencia de River en diciembre de 2013 y llegó a decir al año siguiente que la economía de su institución estaba en Primera C. ¿Cómo habrá sido entonces en la mayoría de los clubes más chicos?
- El nombre de la rosa: como en la novela de Umberto Eco, donde dos monjes investigan una misteriosa serie de crímenes en una abadía medieval, los campeonatos del fútbol argentino son un jeroglífico difícil de descifrar. Del campeonato de 30 equipos de 2015 con dos descensos y a una rueda en que Boca se consagró campeón por puntos, pasaremos en 2016 a uno con la misma cantidad de participantes, divididos en dos zonas, con un solo descenso y una final para determinar quién se queda con el título. Los dirigentes siguen haciendo mamarrachos. La organización es más previsible en un torneo de solteros contra casados.
- El misterio de los árbitros dormidos: tal el título de una novela infantil española editada en 2013. En el fútbol argentino sus rendimientos dejaron mucho que desear. El momento cumbre de todos los malos desempeños que hubo a lo largo de la temporada 2015 fue en la final de la Copa Argentina entre Boca y Central. El referí Diego Ceballos terminó suspendido para dirigir en los torneos argentinos y fue dado de baja como juez internacional. Más allá de cierto ensañamiento contra los árbitros, sus bajos desempeños son motivo de preocupación. Como ensayo, en los torneos de verano del año que comienza habrá cinco controlando cada partido. Los dos que se sumarán se ubicarán al lado de cada arco.
- Casino Royale: el célebre creador de James Bond ambientó su primera novela del agente 007 en un casino. Ian Fleming murió cuando ni siquiera existía el Prode por lo que nunca hubiera imaginado un fútbol plagado de apuestas. En la Argentina ya se habla con insistencia del tema. Habría dos interesados para hacerse con el negocio del juego inspirado en nuestros caóticos campeonatos. Los empresarios Cristóbal López y Daniel Angelici. Este último, el mismo que renunció a la AFA, regresa ahora como secretario general y en el futuro, acaso, se transforme en el futuro presidente de la asociación. La mesa quedaría servida para apostar bajo el argumento remachado de los clubes con economías deficitarias. Es la lógica de que el dinero debe salir de algún lado. Cuando el juego toma al fútbol como su objeto de deseo, ya se sabe lo que trae aparejado.-
Gustavo Veiga en Página 12 el 3/1/2016

El megacanje II

El Banco Central recibirá del Tesoro Nacional una serie de bonos con tasas de hasta el 7,875 por ciento anual por Letras Intransferibles a casi el cero por ciento. Los nuevos títulos de deuda serán luego entregados a bancos internacionales. El megacanje involucra 16.099 millones de dólares en una primera etapa con posibilidad de llegar a casi 65 mil millones.
El gobierno de Mauricio Macri ha concretado mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia un megacanje de deuda que implicará un aumento sustancial en la carga de intereses en el Presupuesto Nacional. La operación liderada por el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, y el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, involucra 16.099 millones de dólares. Con un fuerte aumento de la tasa de interés y una quita del capital del 15 por ciento, la emisión de bonos será por 13.697 millones de dólares y los servicios de deuda subirán con los nuevos papeles en 9141 millones de dólares durante todo el período de duración que va de 6 a 11 años. Sturzenegger entiende de megacanjes y el consiguiente incremento de deuda e intereses (ver recuadro). Además del aumento de los servicios de la deuda por el alza de la tasa de interés, este megacenaje convierte una deuda intra sector público no exigible en otra que sí lo será en manos del sector privado. El trueque de papeles de deuda fue dispuesto por un DNU del 22 de diciembre pasado que derogó un artículo de la ley de Presupuesto 2016. La operación financiera tiene como protagonistas al Tesoro Nacional y al Banco Central, con la ansiosa expectativa de un grupo de bancos internacionales y locales de regresar a los buenos tiempos de los noventa con emisiones de títulos, ingeniería financiera de reestructuraciones y préstamos con garantías, comisiones abultadas y el juego especulativo con bonos de deuda pública. Esa transacción sólo sería el primer paso del megacanje que podría sumar otros 48.387 millones de dólares, para totalizar 64.486 millones de dólares, que Prat-Gay redondeó en 65 mil millones en su primera conferencia de prensa. Con esta operación impactante por el monto involucrado y otras medidas de regulación monetaria y financiera instrumentadas en menos de un mes, el Banco Central ha vuelto a responder a los intereses de los históricos actores económicos que se han arrogado ser dueños de esa entidad: los banqueros (ver nota aparte).
En el megacanje II de Sturzenegger y Prat-Gay participa el Tesoro Nacional y el Banco Central, con un grupo de bancos internacionales expectante para recoger beneficios: HSBC, JP Morgan, Deutsche Bank, Citibank y Goldman Sachs. La operación financiera tiene los siguientes pasos:
1. El trueque de dos Letras Intransferibles emitidas por el Tesoro Nacional recibidas por el Banco Central en 2006 y 2010, por tres bonos denominados Bonar, con diferentes fechas de vencimientos (2022, 2025 y 2027). Inicialmente esas Letras a 10 años de plazo fueron entregadas a cambio de dólares de reservas del Banco Central.
2. Esos dólares fueron utilizados por el Tesoro para cancelar la deuda con el FMI (9530 millones el 3 de enero de 2006) y pagar vencimiento de deuda con acreedores privados (2187 y 4382 millones, emisión de Letras formalizada el 1 de marzo de 2010). En total suma 16.099 millones de dólares.
3. En el Presupuesto 2016 estaba previsto la refinanciación del vencimiento de esa primera Letra por otra de igual característica. El DNU derogó el artículo (52) que la autorizaba.
4. Quedó libre así el camino para que esas Letras en poder del Banco Central fueran canjeadas al Tesoro por bonos con una quita del 15 por ciento en el capital, mientras que la tasa de interés sube de casi cero por ciento a 7,75 y 7,875 por ciento anual. Por un lado quita y por otro lado alza de la tasa de interés es la forma de distribuir el costo de la operación entre el BC y el Tesoro, aunque el saldo final resulta desventajoso para el último.
5. Los nuevos bonos serán entregados en garantía a esos grandes bancos internacionales por un préstamo a la entidad monetaria. El monto sería de 5000 a 10.000 millones de dólares.
6. Esos bancos cobrarán una tasa de interés por esa operación denominada “repo” en el mundo de las finanzas.
7. Los dólares de ese crédito sumarán al stock de reservas del Banco Central, y en caso de no devolverlos, las entidades prestatarias se quedarán con los bonos.
El argumento del Banco Central para justificar este megacanje oneroso para el fisco nacional (“un mejoramiento de condiciones a cargo del Tesoro Nacional”, se indica en el DNU) es que de ese modo reparará la calidad de su balance. Las Letras eran intransferibles, o sea no podían venderse en el mercado financiero, y devengaban una muy baja tasa de interés (Libor anual (1,5950 por ciento) menos 1 punto porcentual). En cambio, los nuevos bonos se podrán comercializar en el mercado y la tasa de interés será de 7,75 por ciento anual (Bonar 2022) y de 7,875 por ciento anual (los otros dos títulos). Estas dos cualidades es la que permitirá ejecutar la operación financiera con los bancos internacionales: los papeles de deuda tendrán cotización de mercado y entonces se podrán transar, además con una atractiva tasa de interés en dólares. Así una deuda pública (las Letras) no exigible de pago (la relación deudor-acreedor es entre organismos públicos lo que facilita una permanente refinanciación) pasará a serlo con los bonos (el acreedor privado, en cambio, busca lógicamente cobrar capital e intereses).

El costo

Las Letras Intransferibles devengan una muy baja tasa de interés y constituyen un activo intra sector público, o sea que la negociación por las condiciones (plazos y tasas) son muy fáciles de definir, como quedó demostrado cuando se emitieron y ahora con el megacanje II de Sturzenegger y Prat-Gay. La intervención de bancos internacionales incorpora un actor privado cuyo objetivo es la maximización de la ganancia (comisiones y tasas de interés). A partir de entonces la negociación incluirá condiciones de repago del crédito, que en general son de ajuste fiscal para asegurarse los recursos de cobro, como se sabe en base a las experiencias argentina en los noventa, de los países europeos muy endeudados y de Brasil en este año.
El megacanje de Letras por 16.099 millones de dólares por bonos por 13.697 millones de dólares (quita del 15 por ciento del capital) fue distribuido en las siguientes emisiones:
- Bonar 2022 con una tasa de 7,75 por ciento por 4497 millones de dólares.
- Bonar 2025 con una tasa de 7,875 por ciento por 4510 millones de dólares.
- Bonar 2027 con una tasa de 7,875 por ciento por 4690 millones de dólares.
La diferencia entre las tasas de las Letras (0,15950 por ciento anual) y los nuevos bonos es una carga adicional para el fisco nacional. Ese costo suma 9141 millones de dólares en total. El monto surge de calcular la brecha entre esas dos tasas por los años de duración de cada bono. Por ejemplo con el Bonar 2022, los servicios de la deuda que se suman al presupuesto nacional será el equivalente a 337 millones de dólares por año en cada uno de los próximos seis. En total, 2024 millones de dólares. Con el Bonar 2025, 3134 millones en nueve años, y con el Bonar 2027, 3983 millones en once años.
Este aumento del costo del endeudamiento público debilita la solvencia inter temporal de las cuentas públicas con el argumento de la calidad patrimonial del Banco Central. En realidad, el nuevo megacanje encubre la estrategia de facilitar el acceso al crédito en el mercado de capitales internacional y, a la vez, de contar con más títulos públicos en dólares en manos de la entidad monetaria para intervenir en la plaza cambiaria en caso de corridas contra el peso. Así lo revela un comunicado del Ministerio de Hacienda y Finanzas del miércoles pasado: “mediante la instrumentación de este canje se ha dotado a la Autoridad Monetaria de instrumentos que aportarán mayor liquidez a su cartera de activos, mejorando así sus posibilidades de hacer operaciones de mercado abierto”.

Gasto público

Durante muchos años el rubro intereses de la deuda en el Presupuesto Nacional era evaluado con especial dedicación en las consultoras de la city porque orientaba acerca de cuál iba a ser la magnitud del ajuste fiscal exigido por la banca acreedora para aceptar la refinanciación de la deuda, con la esmerada auditoria del Fondo Monetario Internacional. Los vencimientos de capital no es una cuenta inquietante para los acreedores privados porque el objetivo que tiene con la deuda es su refinanciación. La clave de su negocio es cobrar los intereses cada año de una deuda incremental.
Los requerimientos de política económica trasmitidos a los gobiernos es definir entonces una estructura de gastos e ingresos (presupuesto nacional) que garantice el pago de los intereses. Cuanto más elevado es el monto a desembolsar por los servicios de la deuda, más importante debe ser el ajuste fiscal. Así fue durante la década del noventa hasta el estallido de la convertibilidad en 2001, cuando los intereses de la deuda pública eran equivalente al 22,4 por ciento del total del gasto público y equivalían al 4,1 por ciento del Producto Interno Bruto, según el presupuesto de ese año que se puede consultar en la página web del Ministerio de Hacienda y Finanzas (Secretaría de Hacienda, Oficina Nacional de Presupuesto).
El posterior default y el inmenso esfuerzo social del desendeudamiento durante los gobiernos kirchneristas (145 mil millones de dólares con acreedores privados y organismos multilaterales) disminuyó esa carga a apenas el 7,7 por ciento del gasto público y al 2,0 por ciento del PIB en 2015. Este último indicador había descendido a 1,3 por ciento en 2013, creciendo en los años siguientes por el cierre de conflictos externos con el Club de París, los juicios perdidos en el tribunal parcial del Banco Mundial (Ciadi) y la expropiación de las acciones de YPF en manos de la española Repsol.
El servicio de la deuda en 2015 sumó 96.217 millones de pesos del gasto público (el mencionado 7,7 por ciento del total), según el Presupuesto aprobado en el Congreso, pero concentrada la deuda en el sector público (la deuda en manos privada equivale a apenas el 12 por ciento del PIB). Este megacanje significa en promedio de la duración de los nuevos bonos unos 1056 millones de dólares anuales más de intereses, que equivale a 14.784 millones de pesos a un tipo de cambio de 14 pesos por dólar. Ese monto en pesos implica un 15 por ciento más de gasto en intereses presupuestado en 2015. Además que se abrirá la puerta a que esos papeles terminen en manos de acreedores privados.

Más Letras

En el informe del BCRA “Objetivos y planes respecto del desarrollo de la política monetaria, cambiaria, financiera y crediticia para 2016”, difundido el último día del año pasado, revela el objetivo del megacanje II. Afirma que “se trata de una sustitución de activos completamente ilíquidos por otros que pueden ser negociados en los mercados financieros”, y “de este modo, el Banco Central fortalece el instrumental disponible para la implementación de sus políticas monetaria y cambiaria”. Además destaca que el ingreso a su balance de esos bonos a cambio de las Letras Intransferibles “implican una importante mejora en la hoja de balance del Banco Central”.
En base a esas definiciones, es posible que esta operación financiera haya sido la primera etapa. El balance del Banco Central contabiliza otras Letras Intransferibles correspondientes a 2011, 2012, 2013, 2014 y 2015 por el Fondo del Desendeudamiento Argentino y la cancelación de servicios de deuda con organismos internacionales, por un total de 48.387 millones de dólares.
En condiciones similares al reciente trueque (quita de capital, tasas de interés y plazos), en caso de efectivizarse otras etapas sucesivas por el monto de esas Letras, los intereses que devengarían los nuevos bonos sumarían otros 27.497 millones de dólares. Es probable el avance en esa dirección porque en los considerandos del DNU que habilitó el megacanje II se lo justificó con que la suscripción de esas Letras por parte del Banco Central habían violando el artículo 19, inciso a), de su Carta Orgánica aprobada por la Ley N 24.144 y sus modificatorias, que “establece la prohibición de dicha entidad para conceder préstamos al Gobierno Nacional, con excepción de los adelantos transitorios específicamente descriptos en el Artículo 20 de la citada Carta Orgánica”.
Entonces si el megacanje II de Sturzenegger y Prat-Gay se completa por el total de 65 mil millones de dólares en iguales condiciones de quita de capital, tasas y plazos, los servicios de deuda adicionales en casi nueve años (el período promedio de los bonos emitidos) totalizarían 36.638 millones de dólares. Una carga excepcional sobre el presupuesto nacional con la excusa de mejorar la calidad del balance del Banco Central, cuando en realidad se trata de una inmensa operación financiera de incremento de la carga de los servicios de la deuda pública definida por un DNU sin ningún tipo de control del Congreso. Así el gobierno de Mauricio Macri ha empezado a aprovechar el extraordinario esfuerzo social del desendeudamiento con el sector privado de los gobiernos kirchneristas, iniciando un nuevo ciclo de negocios con la banca internacional.-
Alfredo Zaiat en Página 12 del 3/1/2016